Cónica indiscreta




Enedina, Adelfa y Teté nunca sabrán lo que se perdieron. Confieso que desdichadamente no las conocí porque imagino que me hubiera divertido muchísimo junto a ellas escribiendo estas historias.
Por muchos años Enedina, Adelfa y Teté formaron parte de las crónicas cotidianas de la ciudad. No alcanzaron relevancia política ni académica, pero sí influencia sobre gobernadores y profesores universitarios, juristas, periodistas y hacendados, comerciantes, militares y doctores, tanto que alguna vez pudieron aparecer en el Directorio Social de la prensa local rodeadas del boato de la época, porque Enedina, Adelfa y Tete fueron tres de las más formidables matronas de prostíbulos en Camagüey. 
 
Por haber sabido de ellas solo de oídas, entre cuentos picarescos y tragos, les guardé una tarjeta en la gaveta de mis papeles para alguna vez desenterrarlas de la memoria. La distancia siempre distorsiona recuerdos, pero de estas mujeres que hicieron época –no fueron las únicas, pero sí parece que las mas populares--, hay para escribir un libro con lo bueno y lo malo que conocieron y de lo mucho que de ellas para bien o para mal se ha dicho, pero siembre a la sombra del imaginario citadino.
En los inicios dije que ellas no sabían lo que se habían perdido porque hace muy poco, el primero de junio, algunos países de Europa conmemoraron el Día de la Trabajadora Sexual con homenaje ante una estatua levantada en Andsterdan, Holanda, dedicada a la “prostituta desconocida”. Si de homenajes a la prostitución en la historia cubana se hubiera tratado, colocado solo un adoquín por cada memoria, bien podríamos haber pavimentado la Carretera Central. Las actas de las estaciones de policía, juzgados correccionales, necrocomios y cuerpos de guardia hospitalarios resultan un buen archivo. de aquella sociedad machista, que no conforme con inducir la prostitución sexual las despojó de sus derechos como seres humanos para convertirlas en mercancía de consumo.
Una nota e prensa publicada en octubre del 1906 nos da cuenta de las numerosas quejas suscritas al Señor Alcalde, entonces Don Joaquín Barreto, por los vecinos de los alrededores de las calles de San Martín, Santa Rita, San Serapio y Santa Rosa, debido a la proliferación de las casas de citas (así denominaban a los burdeles) especialmente en la calle de La Gloria (no por gusto tenia ese nombre), que por muchos años generó no pocos conflictos, escándalos y hechos de sangre.
Luego de muchos pareceres Don Barreto ordenó el traslado de esta zona de tolerancia (lugar donde se concentraban y ejercen su quehacer las prostitutas) no tanto para mejorar la imagen pública y adecentar esa parte de la ciudad, sino para ganar electores ya que de inmediato recibió el apoyo de las familias de ese entorno.
Un periódico local escribió sobre el tema; “Esta medida muy aplaudida por la población, se toma para proteger a las familias que viven en los alrededores y donde residen inocentes jovencitas candorosas que pueden ser seducidas por espectáculos impúdicos y lujuriosos. (Aun en esa época quedaban jovencitas candorosas) No cejaremos en proseguir nuestra lucha de erradicar de la ciudad a estas aborrecidas meretrices, celestinas, proxenetas, chulampines y atorrantes de mal vivir”. Dos días después un par de “estas aborrecidas meretrices” corrieron con una navaja detrás del periodista que escribió la nota para caparlo.
El nuevo espacio se estableció en el entorno de los almacenes del ferrocarril y la cárcel de la ciudad, tomando como eje central la calle Progreso (Esteban Varona) y las cuadras inmediatas de Cárcel, Owen, Francisquito y Jesús María. A partir de allí esta se convirtió en la más populosa zona de tolerancia de Camagüey, la que se extendió con sus altibajos hasta los inicios de 1960.
 Las regulaciones del Ayuntamiento para el ejercicio profesional de la prostitución en la ciudad se publicaron en el 1910, por lo que nuestro Gobierno Local, si no fue el primero, si estuvo entre los primeros que en nuestro país se empeñó en hacer de las prostitutas una “trabajadora por cuenta propia”. En estas regulaciones se lee, entre otros aspectos que;
Primero; El horario de trabajo de las meretrices y conexos será desde las doce del día hasta las tres de la madrugada. Menos los lunes que será de descanso obligatorio.
Segundo; Si alguna hetaira fuera sorprendida en funciones fuera del horario y los días establecidos será multada por la policía, así como el cliente, acusándoseles competencia deshonesta entre sus iguales.
Tercero; Fuera de la zona de tolerancia, las casas de este tipo de comercio que pudieran existir deben de sacar permisos especiales.
Cuarto; Se prohíbe que las mesalinas deambulen en ropa interior, o sin ellas, por las aceras, o se asomen a las puertas de las casas incitando a los posibles clientes. Tampoco podrán proferir palabras obscenas, hacer gestos, guiñar los ojos, agarrar a los transeúntes o abusar de los mismos para provocarlos.
Quinto; En todas las casas dedicadas al giro de la vida se ha de fijar un cartel con estas regulaciones para que los merchantes conozcan sus derechos y deberes.
Sexto; Las cortesana solo podrán abandonar los burdeles vestidas decentemente, sin que se denote su condición de tal. Tampoco podrán promover o ejercer el oficio fuera de sus casas de lenocinio.
Séptimo; Cada trabajadora de la vida ha de estar apuntada en el registro de la alcaldía para el correspondiente pago de impuesto, lo que será acompañado por un certificado de buena conducta expedido por la policía y registro sanitario dado por Salubridad.
Firmado; El Señor Alcalde”
Poco después estas normativas fueron ampliadas y entonces se paso a clasificar a las prostitutas según su capacidad laboral para ordenar los impuestos, pues no debía pagar lo mismo una prostituta de primera que una de sexta categoría, además, la tarifa de precios debía discutirse con el cliente antes de iniciarse la faena laboral o no podría haber posterior reclamación.
Debido al hacinamiento y buscando mejores áreas en la ciudad con clientela de mayor categoría, algunos lupanares de “clase” se trasladaron de lugar. Aquí es donde entran en escena las casas de Enedina, Adelfa y Tete, pero todo esto lo dejo para otra historia.

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