La bajada de San Lázaro


Por años y no sé cuántos, una parte de la bajada de San Lázaro fue patrimonio familiar. Se denomina bajada de San Lázaro el otro lado del puente de ese nombre sobre el río Tínima, al principio o al final de la calle Santa Ana. Aun hoy el puente de San Lázaro es una magnifica obra de la ingeniería colonial, pues a pesar de siglos de existencia resiste con éxito los embates y el peso de un tiempo multiplicado muchas veces desde aquellos coches y carretones para los cuales fue hecho. Estoy seguro que no pocos lugareños conocen el lugar En realidad aquel no era un feudo hereditario, sino que un grupo de parientes construyeron allí sus viviendas por hallar el sitio amplio y cómodo para todos y además porque en un grado que no he podido descifrar, ésta generación mantenía relaciones familiares con Lafuente – Salvador otra tribu que habitaba la quinta Simoni, histórico y entonces carcomido caserón devenido en casa solariega situado frente a la Plaza de La Habana y a muy poca distancia de la bajada del San Lázaro. 

Cónica indiscreta




Enedina, Adelfa y Teté nunca sabrán lo que se perdieron. Confieso que desdichadamente no las conocí porque imagino que me hubiera divertido muchísimo junto a ellas escribiendo estas historias.
Por muchos años Enedina, Adelfa y Teté formaron parte de las crónicas cotidianas de la ciudad. No alcanzaron relevancia política ni académica, pero sí influencia sobre gobernadores y profesores universitarios, juristas, periodistas y hacendados, comerciantes, militares y doctores, tanto que alguna vez pudieron aparecer en el Directorio Social de la prensa local rodeadas del boato de la época, porque Enedina, Adelfa y Tete fueron tres de las más formidables matronas de prostíbulos en Camagüey.